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Patrocinar experiencias gastronómicas: qué pedir y qué evitar

Poner tu logo en un pendón no es patrocinar. Es pagar por un pendón.

Ilustración de la mascota de MOOI con boletos

El patrocinio de experiencias gastronómicas es una de las formas más eficientes de asociar una marca a un momento de disfrute. También es una de las más fáciles de hacer mal, porque casi siempre se negocia como si fuera publicidad y no lo es.

Qué estás comprando en realidad

No compras impresiones. Compras asociación: que tu marca quede ligada a una experiencia positiva que la persona va a recordar.

Eso significa que el número de asistentes importa mucho menos de lo que parece. Sesenta personas que vivieron algo memorable valen más que seiscientas que pasaron frente a un logo.

Qué patrocinar

Catas y cenas maridaje. El público es pequeño, muy segmentado y muy receptivo. Ideal si tu producto se puede integrar a la experiencia.

Noches temáticas recurrentes. Menos brillo, pero repetición. Estar cada miércoles en el mismo lugar durante dos meses construye más recuerdo que un festival de un día.

Festivales. Mucho volumen, mucha competencia por la atención y costo alto. Sólo tienen sentido si vas con una activación fuerte, no sólo con presencia.

Aperturas y presentaciones. Buena visibilidad con gente influyente en el gremio, poco alcance masivo. Sirve para posicionamiento, no para venta.

Lo que hay que pedir siempre

Un buen acuerdo de patrocinio incluye mucho más que el logo:

  • Integración en la experiencia, no sólo presencia. Que tu producto se pruebe, se use o se mencione dentro de lo que pasa.
  • Menciones habladas del anfitrión, con el mensaje acordado.
  • Base de asistentes o al menos el número real confirmado después.
  • Material fotográfico y de video con derechos de uso para tu marca.
  • Exclusividad de categoría durante el evento.
  • Presencia en la comunicación previa, que muchas veces alcanza a más gente que el evento mismo.
  • Un mecanismo de continuidad: un beneficio, un código, algo que la persona pueda usar después.

Ese último punto es el que casi nadie negocia y el que convierte un patrocinio en una inversión medible.

Lo que hay que evitar

Patrocinios sin integración. Si tu participación se puede resumir en “salió tu logo”, estás pagando decoración.

Eventos sin historial. Un evento de primera edición es una apuesta. Si vas, que sea con presupuesto de prueba.

Compartir categoría. Dos marcas de lo mismo en el mismo evento se anulan.

Acuerdos de palabra. El gremio gastronómico trabaja mucho de palabra y es encantador, pero un patrocinio necesita correo con entregables y fechas.

Pagar todo por adelantado. Una parte contra entrega de resultados es lo razonable y casi siempre se acepta.

Cómo medirlo

  • Encuesta corta a los asistentes días después: recuerdo de marca y percepción.
  • Uso del beneficio que dejaste.
  • Contenido generado: cuántas publicaciones, con qué alcance.
  • Costo por asistente efectivo: presupuesto entre asistentes reales, no esperados.

Si el organizador no te puede dar el número real de asistentes, es información sobre cómo trabaja.

Un formato que rinde mucho y se usa poco

En vez de patrocinar un evento grande, patrocinar una serie pequeña en varios lugares: la misma noche temática, en cinco restaurantes distintos, durante seis semanas. Cuesta parecido, llega a menos gente por noche y construye muchísimo más recuerdo, porque la repetición es lo que fija una marca.

En resumen

Patrocina experiencias donde tu marca pueda participar, no sólo aparecer. Deja los entregables por escrito, exige el número real de asistentes y siempre deja algo que la persona pueda usar después: es lo único que convierte una buena noche en un resultado medible.

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